viernes, agosto 20, 2004

Tinta


Fue hace muchos años, aquella tarde no podía dejar de mirarte (de reojo, claro está) sentada en la cama mientras yo preparaba la máquina. Cuando llegó el momento de marcar la zona, todo me temblaba, pero yo, aparentando una seriedad y tranquilidad que lejos estaba de sentir, fui dibujando lentamente, con tu mano bajo la mia, aquel delfín que tanto querias. Obviamente los primero intentos parecían focas y manatíes, pero poco a poco fue tomando forma, dibujar y borrar, dibujar y borrar.

Todo listo.

—Subete esto, o quitatelo si quieres, jaja, no, así está bien, no te muevas...

Nunca habia tenido tu sangre sobre mis manos. Fue algo extraño, pero quise guardar el momento en mi memoria. Poco a poco tu pudor fue sediendo, hasta que te recostaste con las manos en la nuca, mientras yo trataba de concentrarme. No era un buen momento para equivocarme, pero en el estado en el que me encontraba, era dificil hacer cualquier cosa.

—¿Ya?
—Ya casi...

Tanto tocar tu piel me embotó, así que por fin logré terminar.

—¡Que bonito!
— ¿Te gustó?
—Si, muchísimo, ¡me duele!,
—Claro, dejame ponerte hielo.

En ese momento fue cuando ya no supe que hacer. Tú te quedaste acostada boca abajo, sin hacer el mas mínimo intento por ponerte de nuevo la blusa. Yo, parado como idiota junto a la puerta, ¿Qué hago? ¡¡¿Qué hago?!!, claro, no era la primera vez que estaba contigo, pero nunca con tan poca ropa; de hecho todos nuestros encuentros (siempre en tu casa, nunca en público) eran muchisimos, tanto que ya nos conociamos casi a fondo, tan a fondo que siempre tuve miedo de preguntarte que eramos, ¿Novios? ¿Amigos? ¿Qué carajos? Alguna vez te dije "Te quiero" y tú sólo te reiste de una forma que no entendí, asi que decidi quedarme callado y dejar que las cosas siguieran...

...Y siguieron, en un mismo movimiento, apagué la luz, cerré la puerta y me acosté a tu lado. Tú al principio no te moviste, yo tampoco. Te volviste hacia mí y te besé, te besé hasta que me cansé. Encima de ti estuve mas cerca de lo que nunca estuve (ni volvería a estar), tú tambien me sentiste y en ese momento algo se encendió (¿o se apagó?) para siempre.

Lo que sigue no lo recuerdo bien. Salimos y te acompañé a la parada del camión. En el camino hice lo que nunca habia hecho y nunca pense hacer: te abracé, fue algo raro, porque no lo rechazaste pero tampoco lo aceptaste. Cuando te dejé parada ahí, en ese momento tan ridículo, creo que te volví a decir "Te quiero", y tú, de nuevo, volviste a reir en esa forma que nunca entendí.

Poco despues todo cambió.


Yo.


2 comentarios:

Vorthex dijo...

No entiendo porque uno no puede preguntar: "De que te ries? Te ries de mi? Crees que soy un pendejo? Tengo un moco de fuera? De que te ries?!"

No, no tengo tacto, pero en serio que no me gusta quedarme con dudas porque luego invento teorias autodestructivas. (Igual y si me dicen tambien hago teorias, me vale)

UnLocoCafetero dijo...

Siempre sucede, se ríen como si estuvieramos haciendo el ridiculo o alguna pendejada, pero sin embargo ellas lo aceptan pero no se involucran.

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